En estas fechas, todos se ponen o melancólicos o histéricos; unos porque echan de menos a alguien, y los otros porque tienen que comprarles regalos a mucha gente y pa variar lo hacen a última hora. Bueno, en esta entrada hablaré de algo que odiaba hasta hace un par de años: La Navidad.
En estricto rigor, la Navidad celebra el nacimiento del niño Jesús, que nació de María (a quien le anunciaron que sería madre el 25 de marzo... que curioso, madre primeriza y lo tuvo a los 9 meses exactos). Luego de esta herejía, sigo con mi historia. El mundo católico celebra el natalicio como una festividad religiosa de mucha importancia, ya que es el nacimiento de su mesías; para mi hasta hace un par de años, era una soberana mierda, lo único que me gustaba era salir a comprar y cosas para mi, pero por tradición debía comprarle cosas a todos (planteamiento egoísta, pero cierto).
Ahora, a mis 31 años, le encontré el verdadero sentido. No se trata de buscar el recibir presentes o cosas ostentosas, porque entre nosotros, soy bien difícil de regalar y regodión más encima. Para mi, estas fechas son momentos de ilusión en algunos niños (no los engendros de satán que viven al lado de mi casa), de creer que las cosas pueden ser mejores, de que la vida puede ser mucho más alegre si miramos con otro prisma las cosas, de que realmente podemos cumplir los sueños si son de corazón y, por sobretodo, disfrutar a quienes queremos.
Como dice el refrán, nunca es tarde para aprender, y he aprendido que con los años uno vuelve a los períodos de mayor felicidad, a cuando la inocencia marcada por la creencia del Viejito Pascuero, se convierte en creer que realmente existe ese ser de buenas intenciones en todos los corazones de quienes tienen buenos deseos para nosotros.
Esto contrasta con lo que planteaba al principio de esta entrada, en donde me refería a que hay un grupo que se vuelve loco por las compras (tradicionalmente se establecen los regalos como los presentes que le llevaron a Jesús, aunque los reyes llegaron en enero supuestamente). Si bien es cierto, es entretenido comprar, también es cierto que en nuestro país TODO, absolutamente todo se deja para última hora (supuestamente para aprovechar los máximos descuentos). En el centro no se puede caminar, la gente anda apurada en todo lo que hace, los lanzas andan a la orden del día, y el metro más que transporte público, parece un horno con latas de sardinas. En fin, siempre se dice, si eres organizado, compras en noviembre.
Volvamos a la Navidad, quedan sólo 2 días para nochebuena. En ese momento, mi sobrino buscará en el cielo de la capital a Santa Claus, se ilusionará con la mágica aparición de regalos bajo el árbol, abrirá sus respectivos regalos y andará con las pilas a mil hasta como las 3 de la mañana. Mis hermanas le regalarán autos, yo también; mi mamá para variar le embutirá ropa (porque ella dice que para juguetes están los padres). Todos esperaremos en familia las 12 de la noche para sentir que la alegría de verle la cara al otro al recibir algo que le puede o no gustar.
Todos tienen diversas formas de ver la navidad, hay quienes la odian, otros que nos gusta hace poco, otros que siempre andan esperando esta fecha para decorar sus casas y disfrutar en familia. Lo verdaderamente importante es que aprendamos a ver que más que una fecha de regalos, es una fecha en que debemos regalar nuestras mejores intenciones y lo mejor de nosotros en cada cosa que hacemos, no sólo en esta última semana del año.
Como última cosa, juntémonos alrededor del árbol, prendamos las luces y disfrutemos por el simple hecho de estar vivos y estar juntos, disfrutemos de las cosas chicas y simples, gocemos con la sonrisa de los niños y recordemos cómo nos sentíamos nosotros a esa edad, cuando todo era más simple y el creer en Papa Noel era ansiado durante todo el año. Merry Christmas a tod@s.




