Siempre he dicho y reconocido, que soy un fanático de la lectura QUE A MI ME GUSTA, no la que se supone me debe gustar. No quizá al nivel de leerme un libro semanal, pero sí disfruto mucho de dedicarle ratos de mi vida a los libros.
En la cultura chilensis no existe mucha difusión a la lectura, es más, en el colegio nos hacen leer libros que, personalmente, jamás volvería a tocar en mi vida (la amortajada, entre otros). Pero ahora se han introducido autores más contemporáneos, como Rowling, Lewis, etc. Los que han ayudado a que los niños se interesen por un libro, pero desvarío del tema principal. Como buen lector, me fui metiendo con autores más reconocidos y que escriben novelas más largas que lo normal, ya sea Stephen King o Ken Follett. El punto es que son libros tan grandes que se hacen difíciles de transportar, sin ir más lejos, “Los pilares de la tierra”, tiene 1400 páginas, el tamaño es como una biblia y llevarlo en el metro o la micro causaba dos impresiones: una que estoy loco por leer semejante gigantolibro, y la segunda era, este se nos volvió evangélico y anda predicando en el metro. Otro punto negativo es el valor que se cobra de impuestos, el que muchas veces hace que el libro sea carísimo.
Por eso y porque no voy a sacar el Ipad en el metro para leer los libros que tengo ahí guardados, decidí comprarme el gran invento de Amazon: El Kindle, en versión de 6”, color grafito, con wi-fi. Primero, por precio (100 mil pesos chilenos) no es tan caro para las prestaciones que da, en 2 centímetros de grosor llevo un libro de 1700 páginas y pesa sólo 200 gramos. Es decir, es el paraíso mismo para poder leer tranquilo un libro grande. Segundo, la comodidad de la pantalla (que es sólo blanco y negro) hace que uno se meta de lleno en lo que lee (versus Ipad) y sea casi como leer un papel impreso.
En mi experiencia, llevo un par de semanas disfrutando de mi Kindle y estoy muy contento con la compra. Es un dispositivo altamente cómodo, agradable y tengo ya aproximadamente 35 libros en unas medidas no superiores a una libreta telefónica. Por ende, si alguien me preguntara, qué dispositivo recomiendo para leer (ojo, sólo para leer, para otras actividades hay otros dispositivos mejores) les diría que eligieran a ojos cerrados el Kindle.
Yo soy un respetuoso de la actividad de los escritores y sé lo que cuesta hacerlo, por eso en mi biblioteca no hay ningún libro pirateado, pero lamentablemente en formato digital no hay mucha diversificación, lo que hace que uno se vea limitado a la oferta de material disponible y, a veces, obligado a conseguir libros que no llegan al país por internet. Espero que con el paso de los años, esta situación mejore y cambie a favor de quienes leemos.
Ya, muchach@s, los dejo por hoy, no es que tenga botado mi blog, pero he estado con mucho trabajo y por lo mismo ando como los zombies de “The walking dead”… pero ya retomaré mi hábito de escribir.
Nos leemos en un futuro posteo, good night

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